Denver (EEUU), 3 abr (EFE).- Tres monjas acusadas de sabotaje por ingresar en un silo de misiles querían acatar, según alegó hoy una de ellas, el llamamiento del presidente de EEUU, George W. Bush, para destruir armas de destrucción masiva.
Las religiosas también han sido acusadas ante un tribunal federal de destrucción de la propiedad, y si son declaradas culpables podrían ser condenadas a un máximo de 30 años de prisión y al pago de multas de hasta 250.000 dólares.
El incidente ocurrió el seis de octubre, cuando las tres monjas ingresaron ilegalmente a un silo de misiles Minuteman III, cerca de la localidad de Greeley, Colorado.
Poco antes, Bush había advertido a Irak que debía despojarse de sus armas de destrucción masiva o resignarse a una intervención militar.
La hermana Carolyn Gilbert declaró hoy ante el juez federal Robert Blackburn que ella y las otras dos religiosas, Jackie Hudson y Ardeth Platte, cortaron cables y pintaron el signo de la cruz con su sangre en la cubierta del silo antes de ser arrestadas por la policía militar.
"Nuestro presidente había pedido la destrucción de las armas de destrucción masiva. Yo tenía el deber, la responsabilidad y el privilegio de tratar de detener un crimen, no sólo contra la ley de Dios, sino contra la ley nacional y la ley internacional", dijo Gilbert.
El juicio contra las monjas se inició el lunes y el martes la monja Ardeth Platte manifestó al juez que el objetivo de su acción fue proteger a los niños de Irak con "un desarme simbólico".
EEUU y sus aliados lanzaron la invasión de Irak el pasado 19 de marzo tras afirmar que el presidente iraquí Sadam Hussein había incumplido órdenes de la ONU impuestas en 1991 tras la expulsión de las tropas de ocupación iraquíes de Kuwait.